Erika recibió previamente un tratamiento con inyecciones, ya que desarrolló degeneración macular en ambos ojos. Sin embargo, las inyecciones no lograron estabilizar su condición a largo plazo, y cada vez parecía más probable que perdiera la vista por completo.
Ahora, comenta con alegría que, aunque no ha acudido a la clínica oftalmológica en cuatro años ni ha recibido ninguna otra inyección, su visión se mantiene estable. Ya no teme quedarse ciega.



