Mátyás sufrió un derrame cerebral en su vejez. Tras una cirugía craneal, contrajo infecciones hospitalarias y desarrolló meningitis y neumonía. Sus médicos le practicaron una laringectomía, le colocaron un catéter urinario y, posteriormente, solo pudo alimentarse por sonda. Permaneció sedado y los médicos estimaron un 90% de probabilidades de que Mátyás no sobreviviera. Regresó a casa en muy mal estado.
La esposa de Mátyás, Erzsébet, probó un nuevo método. En cuatro meses, se produjeron cambios drásticos. El primer resultado fue que Mátyás comenzó a comer por vía oral nuevamente. Después, se le pudo retirar el catéter. Los análisis de laboratorio confirmaron que las bacterias de las infecciones hospitalarias ya no estaban presentes en su organismo. Comenzó a comunicarse y a caminar de nuevo, y la salud del anciano mejoró notablemente.


