Los músculos que controlaban su deglución quedaron paralizados. No podía comer nada y bajó a 29 kilos. Solo podía estar acostada. Su visión se deterioró considerablemente y se le caía el pelo a mechones. Su estado era crítico y los médicos no pudieron hacer nada por ella.
Hoy, la joven ha vuelto al trabajo y puede cuidar de los niños. En el transcurso de un año, recuperó su peso y su figura tras resolverse su problema de esófago.




